GLOSSÁRIO TEOSÓFICO




  • Arboles de vida

    Desde la más remota antigüedad, los árboles estuvieron relacionados con los dioses y las fuerzas místicas de la Naturaleza. Cada nación ha tenido su árbol sagrado con sus peculiares características y atributos basados en propiedades naturales y también a veces en propiedades ocultas, como se expone en las enseñanzas esotéricas. Así el peepul o Âzvattha indio, mansión de Pitris (elementales, en realidad) de un orden inferior, vino a ser el árbol Bo o Ficus religiosa de los budistas en todo el mundo, desde que Gautama Buddha alcanzó el supremo conocimiento y el Nirvâna bajo dicho árbol. El fresno, Yggdrasil, es el árbol mundano de los escandinavos. El baniano en el símbolo del Espíritu y la materia, puesto que desciende de la tierra, echa raíces y luego asciende de nuevo hacia el cielo. El palâza (Butea frondosa o Curcuma reclinata) de triple hoja es un emblema de la triple esencia en el Universo: Espíritu, Alma, Materia. El fúnebre ciprés era el árbol mundano de Méjico, y en la actualidad es entre cristianos y mahometanos el árbol de la muerte, la paz y del reposo. El abeto era tenido por sagrado en Egipto, y su piña la llevaban en procesiones religiosas, si bien ahora ha casi desaparecido de la tierra de las momias. Otro tanto sucedía con el sicomoro, el tamarisco, la palmera y la vid. El sicomoro era el Arbol de la Vida en Egipto, lo mismo que en Asiria. Estaba consagrado a Hathor en Heliópolis, y hoy, en el mismo punto, a la Virgen María. Su jugo era precioso en virtud de sus poderes ocultos, como lo es el Soma entre los brahmanes y el Haoma entre los parsis. "El fruto y la savia del Arbol de la Vida confieren la inmortalidad". Un extenso volumen pudiera escribirse acerca de estos sagrados árboles de la antigüedad (la veneración a algunos de los cuales ha sobrevivido hasta el día presente), sin agotar la materia.

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